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martes, 12 de marzo de 2019

El movimiento del niño

Este articulo nos habla de la necesidad de libertad en los primeros movimientos de los bebes, como los niños deben alcanzar las diferentes posturas por si mismo desde el inicio, para afianzar los movimientos, y alcanzar la seguridad necesaria para seguir avanzando. El movimiento y descubrimiento de su cuerpo es esencial para la posterior adquisicion de otras hablidades. Sin mas os dejo que lo disfruteis,  y lo acompaño con algunas fotografias de nuestros niños.

 "Podemos observar como en un principio el niño que acaba de nacer no se siente en equilibrio aún que esté tumbado en su cuna, por eso algunas veces presenta movimientos reflejos de pérdida del equilibrio. Pero los niños traen con ellos también un guión interno que les ayuda a recorrer este camino de permanente pérdida y conquista del equilibrio. El impulso que les hace crecer y desarrollarse en su motricidad es tan claro y preciso que en realidad no necesitan la intervención directa del adulto en este proceso, no necesitan que les ayudemos, ni estimulemos, ni enseñemos como hacerlo. Necesitan libertad de movimiento dentro de un marco seguro y que el adulto le acompañe con una actitud atenta, respetuosa y llena de confianza en sus capacidades. Necesitan también tiempo, espacio y un entorno adecuado. 
La médico Emmi Pikler y el equipo del Instituto PiklerLóczy de Budapest lo han podido comprobar con sus más de sesenta años de registros diarios de más de dos mil niños que han crecido allí, dentro de semejante contexto. Cada niño tiene un ritmo propio y el margen de diferencia entre unos y otros puede llegar a ser muy grande. Para que el proceso motriz se haga con calidad, es importante que cada niño pueda seguir su ritmo individual sin sentirse presionado desde fuera. Todos los niños, si tienen salud, recorren este camino porque todos llevan dentro las ganas de crecer y desarrollarse. Pero no todos lo hacen de la misma manera ni en el mismo ritmo. En este sentido las tablas de desarrollo del Instituto Pikler nos ayudan a saber que, por ejemplo, algunos niños ya son capaces de girar boca abajo a los cuatro meses, otros a los cinco, seis, siete u ocho meses dentro de una total normalidad. O que hay niños que empiezan a sentarse solos con ocho.
Cuando nace, un niño se encuentra en un medio muy distinto del medio donde estaba antes: pasa de un medio acuático a la experiencia de la tierra con la fuerza de la gravedad. Este hecho le supone un gran reto: el mantenerse en equilibrio. 2 meses y otros lo harán muchos meses más tarde. O que, por supuesto, ¡no todos los niños tienen que empezar a caminar al año! Desde esta perspectiva, no es realmente importante cuándo empieza un niño a hacer un movimiento u otro del desarrollo motriz. Lo más importante es como lo hace, o sea, con qué calidad lo realiza. Los niños que van lentos, lo hacen porque lo necesitan. El hecho de ir más rápido no les trae en realidad ningún beneficio. El movimiento es el primer lenguaje del niño, si hay seguridad, bienestar y fluencia en el movimiento, les damos mejor base para el futuro aprendizaje del hablar y pensar. Si el niño acumula, dentro de sí, experiencias de que puede confiar en sus propios recursos, esta confianza quedará registrada en su organismo para siempre.
Muchas veces damos demasiada importancia a momentos concretos del proceso, queremos saber si ya se giran, gatean, sientan o caminan y nos olvidamos que para hacer este movimiento han tenido que hacer muchos otros que no vemos para prepararse. Todos los pequeños pasos que hacen son importantes porque desarrollan unas cualidades y unas habilidades que les prepara para el próximo paso. Si cogemos el hábito de observar qué hacen los niños por ellos mismos veremos qué gran inteligencia hay detrás del proceso motriz. La dificultad muchas veces es hacer este cambio de mirada y empezar a ver qué hacen en vez de qué no hacen. A partir de la postura de decúbito dorsal (tumbado de espaldas),los niños se aventuran a descubrir qué pasa si abandonan esta posición segura y conocida para girarse de lado y después boca abajo. Luego les toca otro paso difícil e importante que es volver a la posición boca arriba. Aprender a volver es importante porque les da la posibilidad de poder descansar de la postura. Mantener la postura boca abajo puede llegar a ser muy cansado para un niño en un principio. Lo mismo pasa cuando se sientan por ellos mismos: saben el camino para sentarse y también saben el camino para volver a tumbarse en el suelo. Esto les permite poder descansar de la posición, tienen autonomía y pueden realizar todos los cambios que necesitan sintiéndose cómodos y seguros. Esto les da bienestar a su organismo y posibilita que su actividad pueda durar más tiempo. 

Cuándo un niño aún no puede sentarse y el adulto lo pone en posición sentada, aún que se aguante bien en la posición, no tiene autonomía, no domina la situación, saber como salir y necesita la ayuda del adulto. Esto hace que su actividad dure poco, hasta que esté cansado y se vea obligado a pedir ayuda. Este hecho nos hace pensar hasta qué punto la libertad y la autonomía de movimiento pueden tener un impacto positivo en la relación del niño con el adulto. Cuando un adulto permite que un niño se mueva a su aire, tiene la oportunidad de ver con qué voluntad despliega sus capacidades y cómo disfruta de sus pequeños logros, lo observa y crea una imagen de niño autónomo y capaz, desarrolla una gran confianza en el niño y se siente él también más seguro y satisfecho. 
A partir de los dos y medio o tres meses, podemos empezar a ofrecer al niño un espacio de juego que sea seguro cálido y firme, como puede ser un parque con suelo de madera protegido con barrotes, donde pueda hacer sus experimentos. Tenemos que tener en cuenta que no se trata de un parque de los que vemos en las tiendas normalmente: un niño que ya se desplaza arrastrándose, dando vueltas o gateando necesita un espacio de 4 m2 . También es importante que lleve ropa cómoda que no impida sus movimientos y que tenga retos interesantes adecuados a su etapa motriz como puede ser cajas de madera para subirse encima o entrar dentro, etc. El parque puede durar hasta que veamos que el niño tiene ya necesidad de más amplitud, cuando ya gatea mucho o cuando empiece a caminar. Pero está claro que el desarrollo motriz no se acaba con el caminar.
Después de caminar se ponen a correr, y luego quieren saltar, trepar y hacer equilibrios. El movimiento tendrá un gran protagonismo en toda la etapa de jardín de infancia, hasta los seis o siete años. Las mismas pautas de ofrecer tiempo, espacio, materiales y retos interesantes para jugar y experimentar con el movimiento favorecerán un buen desarrollo de su motricidad durante todo el primer septenio. La tendencia general es pedir a los niños que estén quietos y parados desde muy pequeños pero es muy necesario que los adultos empiecen a conocer la importancia que tiene el dejar que se muevan los niños para su desarrollo global."



Sonia Kliass Publicado en la Revista de la Asociación de Centros Educativos Waldorf-Steiner de España. Año IV- nº 11- mayo 2010..
https://www.piklerloczy.org/sites/default/files/documentos/sonia_kliass_el_movimiento_del_nino.pdf

martes, 6 de noviembre de 2018

CESTO DE LOS TESOROS




Jugar con objetos cotidianos permite a los niños aprender nuevas e importantes lecciones, y además les encanta. Por eso, en muchas escuelas infantiles los bebés juegan con el “cesto de los tesoros”. Se trata de un cesto o cajón con objetos de diferentes materiales, pesos y texturas para que los niños experimenten.
En este juego, los niños manipulan elementos de la naturaleza o de su entorno cotidiano. Estos objetos, por su variedad de formas, texturas, colores y olores estimulan los sentidos y las capacidades (motrices, cognitivas, comunicativas...) de los bebés, lo que facilita su desarrollo. Esta actividad está indicada a partir de los seis meses (cuando son capaces de permanecer sentados) hasta el año aproximadamente.

¿En qué consiste el juego de "el cesto de los tesoros"?

  • Los bebés juegan en un lugar tranquilo. El elemento central es una cesta o caja de unos 8 cm de altura, sólida y estable que no se vuelque cuando los pequeños se apoyen en ella para sacar lo que hay dentro. Conviene que no tenga asas y que los remates estén perfectamente redondeados para evitar que los pequeños se arañen.
  • Dentro de esta cesta se meten unos 50 objetos que no sean juguetes comerciales, sino cosas que los bebés pueden encontrar a diario en la naturaleza o en casa: piedras, castañas, corchos, trozos de esponja, conchas, peines, cajas, botones grandes, cepillos, pinceles, pinzas de la ropa, bobinas de hilo, etc.
  • La sesión de juego dura una media hora y los educadores están muy pendientes de los bebés para evitar que se metan en la boca objetos pequeños.
  • Este juego da al niño la oportunidad de aprender por sí solo.

¿Qué habilidades desarrollan los bebés jugando con objetos cotidianos?

  • Ejercitan su autonomía y su capacidad de elegir y decidir, ya que nadie les dice lo que tienen que hacer.
  • Los sentidos. Su vista, oído, tacto, olfato, incluso el gusto se van desarrollando mientras manipulan libremente esos objetos. Además, este juego les permite ir interiorizando conceptos como volumen, capacidad, equilibrio, cantidad, etc.
  • Estimulan la coordinación corporal y las habilidades manipulativas, la presión y la suelta de objetos; la pinza digital (coger cosas pequeñas con el pulgar y el índice); la atención y la concentración.
  • Favorecen la socialización, la interacción y la comunicación con otros bebés, así como la creatividad, ya que cada niño puede hacer con los "juguetes" del cesto de los tesoros lo que quiera y a su propio ritmo.
  • Es una actividad física muy interesante, pero sobre todo mental, ya que estimula el aprendizaje a base de experimentar, explorar e investigar.



Fuente: www.serpadres.es

lunes, 23 de enero de 2017

¿CUÁNDO DEJAR EL CHUPETE?

Que el niño abandone el chupete es algo que suele preocupar a los padres. De hecho, cuando los padres albergan expectativas negativas, suelen provocan retrasos excesivos y que el momento de retirar el chupete se convierta en un verdadero problema porque, cuanto mayor es el niño, más difícil resulta convencerlo.

Los bebés comienzan a succionar durante el embarazo. Por medio de las ecografías se comprueba que el niño chupa el pulgar desde el quinto mes de embarazo como un acto reflejo que prepara su organismo para alimentarse después de nacer.

Durante los primeros meses de vida, la succión forma parte del conjunto de reflejos primarios que ayudan al bebé a adaptarse al nuevo medio. Posteriormente, el succionar se convierte en una actividad voluntaria que proporciona relajación y placer al bebé, también consuelo cuando siente miedo o ansiedad al separase de su madre, en la oscuridad, en el momento de dormir o ente cualquier circunstancia que desconoce y le produce temor o ansiedad. En esos casos, la succión actúa como un sedante que tranquiliza al niño.

A lo largo de los dos primeros años, el niño se encuentra en la fase oral y todo su mundo afectivo se desarrolla en torno a las actividades que tienen relación con la boca como pueden ser la succión, la alimentación, chupar objetos o morder. A medida que aumenta su desarrollo emocional, el pequeño encuentra otras formas de controlar la ansiedad y los temores, abandonando progresivamente la necesidad de succionar el chupete o el dedo.

Conviene que durante esta fase oral el niño utilice el chupete, de no ser así, probablemente satisfaga la tendencia y la necesidad de chupar utilizando el dedo.
Cuando el niño tiene una evolución emocional correcta, durante el segundo año de vida disminuye la utilización del chupete, incluso puede limitarse a los momentos de ir a dormir. De hecho, es probable que el niño, una vez conciliado el sueño, expulse el chupete de la boca.

Alrededor de los veinticuatro meses, y siempre que reciba estímulos positivos que aumentan la confianza en sí mismo, puede comenzar el abandono progresivo del chupete. Los padres deben ser comprensivos y ofrecer al niño alternativas al chupete en los momentos tensos en los que siente inseguridad, ansiedad o miedo. El apoyo afectivo del padre y la madre o el abrazo a un muñeco de peluche pueden ser alguno de estos sustitutos.

No es aconsejable que fuercen al niño para abandonar el chupete antes de que disponga de madurez suficiente porque, es probable que comience a chuparse el dedo, y este hábito es más difícil de erradicar ya que el dedo no puede desaparecer. Otras estrategias como colocar en el dedo esparadrapo, productos amargos o guantes por la noche está totalmente desaconsejado. Se trata de que el pequeño busque otras estrategias para afrontar los momentos emocionalmente tensos, no de hacerle pasar un mal rato.

Cuando el objetivo que se persigue es el abandono del chupete, igual que en otras estrategias educativas, las riñas, las amenazas, los chantajes o el castigo son ineficaces y sólo conducen a minar la seguridad en sí mismo y la autoestima del niño, generándole displacer,  introversión y timidez.

Hay que buscar el momento idóneo para comenzar. Nunca pretendan que abandone el hábito del chupete si tiene que vivir algún tipo de cambio que le genere ansiedad, como puede ser una nueva habitación, un nuevo domicilio, el comienzo de su escolarización, la llegada de un hermanito, la separación temporal del padre o de la madre, la retirada del pañal, etc.

Antes de pretender que abandone el chupete, es muy importante reforzar la imagen positiva que el niño está creando de sí mismo, alabar sus logros con frecuencia y fomentar su deseo de “ser mayor”. Poco a poco, se pueden alargar los ratos diarios en los que no utiliza el chupete, hasta que sólo lo utilice para conseguir la tranquilidad necesaria que le ayuda a conciliar el sueño.

Cuando pida el chupete durante el día, en vez de negárselo directamente, los padres pueden ofrecerle otras actividades alternativas que le mantengan ocupado y distraído.
Conviene observar en qué momentos recurre al chupete para obtener consuelo, saber qué es lo que le preocupa o perturba y ofrecerle apoyo afectivo en esas situaciones en vez del chupete.

Durante el día, procuren que el pequeño no vea el chupete si no le permiten utilizarlo y, cuando por fin lo abandone, no vuelvan a dárselo. El mejor remedio para no caer en la tentación de utilizarlo es no tenerlo en casa.
En todo momento, felicítenle por su esfuerzo y su logro premiándole con una dosis extra de comprensión, apoyo y mucho cariño.

Los padres y las madres que, por temor a que el niño pase una mala noche, corren el riesgo de alargar en el tiempo el hábito del chupete, es conveniente que conozcan las consecuencias físicas, además de las emocionales. Usar el chupete habitualmente, más allá de los dos años, puede producir un desplazamiento del maxilar superior de forma que no coincidan los dientes superiores con los inferiores al cerrar la boca, con las consecuencias negativas que esto provoca en la correcta pronunciación y en la masticación. El problema es mayor en el caso de chuparse el dedo porque es más duro que la tetina y menos higiénico.

No deben angustiarse antes de tomar la decisión de quitar el chupete a su hijo, él es capaz de superar grandes retos para conseguir la aprobación y el cariño de sus padres.
Recuerden que merece la pena, siempre es preferible pasar unos días con un poco de ansiedad y sueño para garantizar la salud física y emocional de su hijo.



Referencia web: http://www.waece.org/notaspad/21/

martes, 20 de diciembre de 2016

Juego Heuristico

                                    

El juego heurístico es una actividad que se trabaja con los niños/as de 12 a 24 meses de edad. Para ello se utilizan objetos fácilmente combinables entre sí, que motiven a la acción y exploración, partiendo de la libertad de movimientos del alumno/a. Se trata de un juego de  descubrimiento, de ensayo y error de habilidades manipulativas y de planificación mental, así como de desarrollo de las capacidades a la hora de recoger y clasificar el material utilizado. Se realiza a través de sesiones planificadas por el educador, en las que se estudian cuidadosamente diferentes aspectos: colocación del espacio, material que se ofrece al niño, tiempos de juego,…  El juego heurístico se ofrece cuando los niños se desplazan, preferentemente cuando andan y son capaces de poner en contacto de un modo intencionado dos o más objetos (segundo año de vida). Su propósito es despertar los sentidos.
El juego sigue siendo, a partir del año, la actividad de aprendizaje fundamental de los niños. Siguiendo el proceso iniciado con la Caja de los Tesoros donde se ponían a su alcance diversos objetos para que los manipulase y los descubriese, ahora en un segundo paso, se llega a una nueva actividad, el llamado juego heurístico, que les propone una iniciación a la clasificación de los objetos y refuerza su comprensión de estos mediante la manipulación libre.
Los objetos deben ser preferentemente aquellos que no tienen una finalidad lúdica en si mismos aparentemente. Lo ideal es que sean objetos cotidianos, de formas y tamaños diversos, hechos de todo tipo de materiales preferentemente no plásticos. Podemos elegirlos de la naturaleza y del hogar, unos manufacturados y otros en estado natural. Lo importante es siempre que no se rompan fácilmente ni sean tóxicos.
Al seleccionarlos es importante que lo hagamos pensando en que puedan formar conjuntos entre ellos, es decir, que haya varios de cada tipo y no solamente uno. Eso permitirá estudiar de forma lúdica las diferencias y similitudes de objetos de semejante naturaleza.
Podemos usar conchas, pompones de lana, trozos de tela o cuero, corchos, bloques de madera, cucharones de cocina, pelotas, cadenas, piñas, esponjas, cordeles resistentes, tubos de cartón de papel higiénico o de cocina, y en general cualquier cosa que pueda suscitar el interés de los niños que están descubriendo el mundo y todo es nuevo para ellos. Las pinzas de la ropa, curiosamente, son fascinantes y seguirán siéndolo durante años.
En el juego heurístico los niños experimentarán las texturas, formas y apariencia de las cosas libremente, de manera espontánea. Los elementos de juego estarán introducidos en uno o varios cestos además de disponer de diferentes contenedores en los que los niños puedan ir metiendo como pueden ser botes de metal sin tapa, cajas de madera o cartón o cualquier otra cosa que veamos utilizable.
En este segundo año de vida para el niño es fundamental el poder descubrir por si mismo que son las cosas y como se comportan. Por eso necesita la mayor cantidad y variedad de objetos a su alcance.. Pueden, mediante este juego, experimentar la gravedad, el peso, la textura, la dureza y la temperatura de las cosas, asimilando la idea de conjunto y de semejanza.
Mientras el niño juega metiendo y sacando cosas, agrupando y separando, lanzando y guardando, el adulto cuidador debe permanecer observando pero sin dirigir las combinaciones que vaya haciendo o los procesos que siga. Mediante este juego heurístico se trabaja para lograr el aprendizaje mediante la relación libre y emocional con el medio. (...)


ESPACIOS Y PLANIFICACIÓN DE LAS SESIONES:

La sesión de juego heurístico se divide en dos partes muy importantes. La primera es la fase del juego, donde los niños/as experimentarán con los objetos y la segunda es la fase de la recogida en la que tendrán que clasificar y organizar el material en su lugar correspondiente.
En estas sesiones, el material se coloca en tres focos, en los que colocaremos tres tipos diferentes de materiales y a los que les añadiremos contenedores (objetos también naturales con los que el niño/a puede transportar, trasvasar, etc… los materiales durante la sesión).
Para la recogida del material utilizamos sacos en los que los niños/as organizan los materiales.
La duración de la sesión es de 40 minutos aproximadamente, dependiendo del interés de los niños/as y del desarrollo de la misma, de los cuales se utilizan 20-25 minutos para el juego y el resto para organizar el material.
El espacio del aula debe de ser lo más amplio y diáfano posible, evitando los materiales que  pudieran distraer su atención. También es necesario crear un clima tranquilo con el menor número de interrupciones posibles.

VENTAJAS DE ESTE TIPO DE JUEGO:

El juego con estos materiales favorece en el niño:
La capacidad de concentración.
La utilización de las manos y la implicación de todo el cuerpo.
La capacidad de escoger entre muchos objetos.
La capacidad de exploración de una gama muy variada de objetos y el descubrimiento de sus propiedades.
Que el pequeño aprenda solo y por sí mismo sin depender del adulto.
La estructuración del pensamiento. Que el niño actúe según su propio ritmo.
El placer de la sorpresa.
Y en el adulto se favorece:
La observación tranquila de las acciones de los niños sin intervenir en ellas.
Un mejor conocimiento de cada niño y de su ritmo.
Un enriquecimiento de la imaginación y la creatividad mientras recolecta los materiales.
El aprender junto a los niños, dándose cuenta de sus posibilidades creativas.
Una reflexión sobre la propia formación.

CONCLUSIONES:

En la escuela se trabaja desde un enfoque constructivista, y el juego heurístico está íntimamente relacionado. El niño/a es el protagonista de sus aprendizajes (investiga, descubre…), parte de lo que sabe cada niño/a, facilita el aprender de él y de los otros. Favorece el aprendizaje por descubrimiento, el conocimiento de la realidad, la autoestima y respeta el ritmo y las necesidades de cada niño/a.
El juego heurístico también desarrolla capacidades cognitivas (comprender, relacionar, conocer…), perceptivas (visión, oído, tacto, gusto, olor), corporales (motricidad gruesa, fina), éticas (respetar, colaborar…), afectivas (disfrutar, valorar, querer…), sociales (colaborar, compartir…).Los/as niños/as descubren a través de los sentidos las características de los objetos que manipulan, realizando así nuevos aprendizajes.
Además del aprendizaje del niño/a, el juego heurístico propicia la colaboración y relación de las familias con la escuela.





 Fuente:  http://actividadesinfantil.com/archives/24659

lunes, 24 de octubre de 2016

HIPERPATERNIDAD

La hiperpaternidad, un fenómeno agotador para los hijos

Hoy en día se está hablando de un nuevo término: la hiperpaternidad. Se trata de padres que con la buena intención de querer darles “todo lo mejor” a sus hijos, acaban prestándoles una excesiva atención.
Hace un tiempo no muy lejano, en el que a los niños no se les hacía demasiado caso. Hoy, en cambio, los hijos han pasado a convertirse en el centro de la familia, alrededor del cual orbitan los progenitores, dispuestos a ejercer de superpadres. Su misión es la de darles todo lo mejor a sus hijos: la mejor educación, las mejores actividades extraescolares, un gran número de experiencias, viajes, actividades lúdicas… El objetivo: que estén sobradamente preparados para el futuro.

Los hiperpadres
El término hiperpaternidad surgió en Estados Unidos, donde impera el afán competitivo, que, en este caso, también se traslada a la esfera de la paternidad.  
Los padres estadounidenses se ven inmersos en una de carrera de fondo, cuya meta es lograr que su hijo triunfe en la vida. Que vaya a la universidad de élite, que destaque en el deporte de turno, que tenga las mejores amistades…

La hiperpaternidad se ha convertido en un modelo educativo habitual en las sociedades más acomodadas y conlleva una estimulación precoz con actividades no adecuadas a la edad de los niños, una agenda sin espacios en blanco, la baja o nula tolerancia a la frustración y los enfrentamientos con los maestros que osen cuestionar las maravillas del niño.
Además, es común la actitud de colmarles de objetos como libros, dispositivos electrónicos, juguetes…

Según los expertos este modelo de crianza basado en una constante atención y grandes expectativas por lo que los hijos hacen, estudian, tienen o logran, no funciona.
Además, la hiperpaternidad puede llegar a ser agotadora para los hijos, porque implica agendas frenéticas, y también para los padres, porque son ellos quienes los llevan de una actividad a otra, hablan con frecuencia con sus maestros, supervisan sus deberes y los hacen con ellos y son los que planifican sus agendas e, incluso, sus amistades.

La hiperpaternidad tiene distintas formas: los padres-helicóptero (sobrevolando sin descanso las vidas de sus retoños), los padres-apisonadora (quienes allanan sus caminos para que no se topen con ninguna dificultad), los padres chófer (que pasan los días llevando a sus hijos de extraescolar en extraescolar) o los padres hiperprotectores (cuyo fin es evitar cualquier accidente).

Problemas de la hiperpaternidad
  •   Coarta en los hijos algo tan vital como es la independencia.
  •    Impide el aprender a partir de los errores cometidos.
  •    Los hijos viven con ansiedad, angustia y presión.
  •    Al estar tan estructurados y sobreestimulados se aburren muy fácilmente.
  •    Se les induce a pensar que no son capaces, ya que con tanto control y seguimiento, el mensaje que se les transmite es: “lo hago contigo porque tú solo no puedes”.
  •   No les enseña a ser responsables: si nunca han tenido que responsabilizarse de una mínima gestión de su vida, cuando llegan a la adolescencia se sienten incapaces, viven con mucho más miedo y los cambios les suponen un gran problema.
  •  Los niños se sienten abrumados, juegan de manera superficial, pierden el interés fácilmente por los juguetes y por su entorno y no desarrollan su imaginación.

Fuente web: http://revistamipediatra.es/articulo/420/la-hiperpaternidad-un-fenomeno-agotador-para-los-hijos#sthash.ZCyXbWNw.dpuf

viernes, 23 de septiembre de 2016

PORQUÉ LA EDUCACIÓN DESDE LA PRIMERA INFANCIA

"La primera infancia constituye una etapa fundamental en el proceso de desarrollo y formación de la personalidad. Esta afirmación es aceptada y compartida por psicólogos y pedagogos, independientemente de las tendencias, teorías y escuelas a las que se adscriben. Se fundamenta esencialmente por la gran plasticidad del cerebro en estas edades, que sin constituir una tabla rasa en la que puede inscribirse cualquier impresión, si ofrece amplísimas posibilidades para el establecimiento de conexiones que van a servir de base para el registro y fijación de las más variadas estimulaciones.

En toda actividad humana, para poder satisfacer las necesidades biológicas, socioculturales, productivas o espirituales, se articulan diferentes sistemas fisiológicos, psicológicos y sociales de alta complejidad.  
Ello implica que cada persona tiene una particular manera de ser y estar en el mundo, de relacionarse con la realidad, con las otras personas, con el espacio y los objetos. Este esquema se construye y desarrolla especialmente durante los primeros años de vida. Se puede afirmar que el niño comienza a aprender desde el momento de su concepción, retroalimentando su mundo interno de todo lo que recibe del exterior. 

Los múltiples datos científicos obtenidos en innumerables estudios e investigaciones han evidenciado que en esta etapa se sientan las bases, los fundamentos esenciales para todo el posterior desarrollo; así como la existencia de grandes posibilidades que en ella se dan para el desarrollo y formación de las más diversas capacidades y cualidades personales. 

Existen muchas razones para desarrollarla educación de la primera infancia, entre las que destacamos:

•  Los primeros años de la vida del niño, desde el nacimiento hasta los seis/siete años de edad, ponen los cimientos para un crecimiento saludable y armonioso del niño. Se trata de un período marcada por un rápido crecimiento y por cambios que se ven influenciados por su entorno. Estas influencias pueden ser positivas o negativas, determinando en gran medida cómo será el futuro adulto, las futuras generaciones y la sociedad.

•  Las investigaciones demuestran que los déficit intelectuales o físicos se convierten en acumulativos. El niño con déficit existente en los que se haya incurrido debido a las privaciones pasadas tendrá menos posibilidades de evolucionar hasta alcanzar niveles, aún en el caso de proporcionarle dichos estímulos. La pronta identificación y tratamiento/corrección de problemas relacionados con minusvalías físicas y mentales, desnutrición, infradesarrollo social, cognoscitivo y afectivo, etc., podrán solucionarse mejor durante los primeros años de vida, proporcionando así al niño unas mejores oportunidades en la vida, reduciendo, por otra parte, al mínimo los costes necesarios para la adopción de soluciones.

•  El cuidado y educación de los niños pequeños mediante una acción integrada adecuada, proporciona un medio para remediar el problema evidente de la desigualdad de oportunidades. Coincidimos en que todos los niños nacen iguales y deben tener igualdad de acceso no sólo al conocimiento y la cultura de todos los pueblos y deben crecer como ciudadanos iguales de su país y del mundo en general. A pesar de ser una verdad universalmente reconocida, por desgracia, existen muchos niños que aún no pueden ejercer este derecho. Todo niño nace en una familia cuya situación social, económica y cultural ejerce una gran influencia en su desarrollo que condiciona en gran parte su crecimiento físico, intelectual y afectivo. Es inevitable, por consiguiente, que las diferencias en el ambiente familiar tengan repercusiones fundamentales en la educación, que la educación de la primera infancia deberá compensar.

•  La educación de la primera infancia complementa al hogar proporcionando la asistencia y educación adecuadas para la promoción del desarrollo total del niño. Ha de ser punto de formación no sólo del niño, sino de la familia.

•  La educación de la primera infancia proporciona una valiosa experiencia y preparación para la transición a la escolarización a niveles superiores.

•  Los avances de la neurociencia, nos demuestran que el sistema nervioso, base y soporte de la personalidad del adulto, se forma en los primeros años. 

•  No hay segunda oportunidad para la infancia. Por tanto con todos los conocimientos basados en las investigaciones sobre la importancia de esos primeros, años de la vida, es fundamental hacer todo lo que sea posible por el bien de cada niño, su salud y nutrición, su crecimiento, aprendizaje y desarrollo, su felicidad.

Por otra parte, muchas son las ventajas que reporta la asistencia a un centro de educación de la primera infancia, como conocemos los profesionales:

•  El centro se presenta como el principal elemento de socialización para el niño. Este va a aprender a compartir, a esperar y a respetar; hecho, que adquiere una gran relevancia, ya que se presenta como la estructura intermedia entre la propia familia e integración del niño en los demás estamentos sociales.

•  El centro nos posibilita el seguir paso a paso el proceso de desarrollo y maduración de cada niño. Así, podemos detectar los posibles desequilibrios, desajustes o déficit que se vayan produciendo. Esta posibilidad de actuación preventiva va a ser determinante y fundamental para el desarrollo de los niños.

•  La estructura del centro está concebida en función de las necesidades de los niños, ofreciendo mayores posibilidades para la manipulación y exploración de los objetos y el espacio. En el marco familiar, los espacios suelen ser limitados, produciéndose continuas prohibiciones, para que no cojan determinados objetos o alcancen o se suban a diversos lugares, hecho que limita las posibilidades de experimentación de los niños.

•  El ver, observar y admirar a otros compañeros sirve de gran motivación en determinadas actividades y aprendizajes. En este sentido, todos somos conscientes de las posibilidades que nos ofrece la imitación (control de esfínteres, comida, aspectos motores, etc.) a estas edades.

•  A través del juego, los educadores facilitarán los medios para favorecer el desarrollo integral del niño, generando en este sentido de afecto, amistad, compañerismo, ternura y, en general, contribuyendo a una mayor sensibilidad con los otros, lo cual es facultad para otra serie de actividades, como la observación, captación, comprensión de estímulos, etc., que crean en los niños una mayor independencia y autonomía.

CENTROS O FAMILIAS

 Uno de los dilemas es si educación de la primera infancia debe desarrollarse en el ámbito familiar o en el ámbito de los centros. Existen corrientes importantes que apuntan en una u otra tendencia.
La realidad es que han de ser las dos instituciones las encargadas de desarrollar la Educación de la primera infancia.

Por desgracia, aún hoy existen muchas situaciones familiares que hacen imposible el óptimo y deseado desarrollo de los niños en el seno de la familia, si no se ha puesto una ayuda y colaboración complementaria a su labor, haciéndose necesario que los niños acudan a centros especializados en educación de la primera infancia, que actúen en estrecha colaboración con la familia, debiendo de actuar casi siempre los centros como Escuelas de Padres.

Por otra parte, los organismos internacionales abogan por los centros, ya que ello permite a los padres una opción libre en lo que se refiere a la distribución de su tiempo entre su vida profesional y familiar.
Es evidente que han de ser los centros el punto de confluencia de padres y niños y profesionales dedicados a la educación de la primera infancia.


Referencia web: AMEI-WAECE